1 dic. 2011

Tejados


Todo mejora, las noches que antes eran odiadas ahora son torpes pasos que se adentran cada vez más a una peligrosa diversión. Si pensara, odiaría. Cada salto me sube la autoestima, se bien a dónde puedo llegar pero lo que antes era una gran línea ahora no tiene sentido para mí. La salto, una y otra vez, la salto. Da igual tejado, primer o segundo piso, lo que importa es caer de pie. Si la sangre sale de mis nudillos y la pruebo me saben a acero, el dulce sabor que trae imágenes de futuro y sonidos del pasado. Dulce sabor que expresa en lo que se está transformando mi corazón, adoro esa sensación. Pero aun me persigue el aroma que desprenden las sabanas. No puedo saltarlas, no puedo escalarlas... pero si puedo romperlas para dejar que la añoranza del olvido me diga que mi sangre no sabe a acero, solo a serrin, que mis saltos no son extraordinarios, solo son escalones. Escucho risas que se mofan de mí, antes de entrar en los mil caminos. Mi mente dice que todo es verdad, pero el olvido me dice que miento.


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