6 jul. 2011

Momentos


Los lapsos de felicidad siempre pasan inadvertidos hasta que uno advierte que pueden ser perdidos. Nos esforzamos en todo mientras el suelo aun se puede pisar, pero no lo suficiente. Por mucha lucidez que uno vea cuando está atado a ese porque siempre está el miedo a perderlo. Sé que no me explico bien, tal vez sea que mi mente hoy para denotar mi inteligencia inexistente le dé por usar palabras difíciles. Hace años que se marco mi destino, era claro y rodeado de perdición pero no puede ser. Nein, lieder nich, ahora yo me veo en el espejo y solo veo  las cascaras de la capsula que antes me envolvía. Veo a Daniel, tal vez siempre he intentado negar que así quisiera terminar. Perpetuamente he imaginado que siempre seria de alguna manera contraria a la que estoy ahora, sin embargo actualmente me encuentro eternamente feliz. Nunca imagine que terminaría asi. Atado sin más remedio ni fin a una persona, a la que amo y sobre todo aprecio como si de un malvado pirata se tratase que vigila su preciado oro. No sé qué haría sin ella, no puedo imaginar un futuro que no sea el que quiero. Mi mente, por virtud o por crueldad siempre tiende a coser un millón de caminos, pero… ¿Qué he de hacer si en ninguno de los que me separen de ella me encuentro feliz? Sé que si mi mente se encontrara sola, todo volvería a la oscura y maligna soledad a la que siempre jure fidelidad. Pero ya he dejado de amar a la luna y tumbarme al sol sabiendo que alguien, lejos o cerca piensa en mí. El sendero que he elegido caminar no me lo he trabajado bien, y eso es lo que detesto de mi persona. ¿Por qué hasta que no vea el problema mi mente no decide solucionarlo? Siempre he pensado que es de tontos esperar, aunque también creía que amar era de subnormales. ¿Qué he de hacer? Tengo diez mil preguntas rodeando mi mente y todas me dicen una sola cosa, cambiar.  Cambiar a mejor, ser normal. No vivir entre prejuicios y pensamientos, dejar mi vieja vida atrás. Pero es tan difícil, todo parece confuso y desorganizado. Ya no se qué pensar, podría dormir, beber, fumar y estar así el resto de mi vida. Pero entonces esta no valdría nada, creo que en esta época ha llegado el momento en el que he de madurar, pensar, reír, relacionarme y dejar ese mundo de luz tenue en donde mis ideas se encuentran en cada cuadro de las habitaciones de mi castillo de arena. Sé que no voy a abandonar a mi Yo interno, pero creo que debo empezar a luchar por lo que quiero, se que empiezo tarde… pero es la primera vez que tengo algo que me despierta por las mañanas. En mi nuevo Daniel, solo queda algo del viejo Dogo...

No conozco la derrota.

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